Cambio paradigmático y estético en Macías de Mariano José de Larra
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4. Conclusión: Cambio paradigmático y estético en Macías
No se puede negar que haya un cambio paradigmático en la actitud y en la obra de Larra. De hecho éste ya se manifiesta en uno de sus últimos artículos, en la crítica del drama Los amantes de Teruel de Hartzenbusch. En esta crítica, aparecida el 22 de enero en El Español, defiende el romanticismo, así como a los personajes, los sentimientos que los conducen y la fatalidad que hace desesperar y que las lleva a la derrota final. Lo que le importa, a Larra, no es tanto el mensaje, el efecto educativo, como la manera en que se produce y se elabora el argumento, ya sea de una manera trivial o no. Así comenta:
 

El huevo de Colón es la parábola más significativa de lo que hace el talento. Las verdades todas son triviales y sabidas; es fuerza saberlas decir y presentar [...]. Sólo hemos querido probar que la trivialidad del asunto no es obstáculo, sino que al paso que es aumento de dificultad, es el primer síntoma de verdadero talento.


Claramente en este cambio se puede ver el ya mencionado factor autobiográfico: la importancia personal de los sentimientos que conducirán Larra al suicidio pocas semanas después. Pero en ese caso se trata además de un contexto diferente: tal como se desarrolló el teatro en los años 30 de ese siglo, así lo hizo también la sociedad: España vive una de las más dramáticas décadas: la muerte de Fernando VII, el dramático año 1833, la primera Guerra Carlista no quedan sin efecto en una sociedad burguesa que, de un lado se ve privada del poder por un sistema aristocrático, y por otro lado se siente saturada de la experiencia educativa del neoclasicismo, una época que, después de los importantes éxitos del romanticismo, sobre todo en el teatro, ya parece historia. Los amantes de Teruel es, desde el punto de vista de hoy, uno de los últimos dramas importantes del romanticismo, estrenado después de Macías, La conjuración de Venecia y Don Álvaro. Lo que cuenta en este tiempo, no es lo explicable, sino lo inexplicable, pero no es para explicarlo, sino para representarlo lo mejor posible. Explica Larra al final del mismo artículo:
Las teorías, las doctrinas, los sistemas se explican; los sentimientos se sienten.
La formación y la enseñanza, contrapuntos a la ignorancia, tantas veces mencionados en los artículos de Larra, no importan en esa obra. La falta de explicación se debe, por un lado, a la esperanza que la sociedad se constituye, mientras tanto, de ciudadanos formados y enseñados. Por otro lado, y eso parece más probable, se trata de una cierta arrogancia hacia una sociedad que no quiere aprender, la desesperación que la burguesía, y aun más la pequeña burguesía, no dejan educarse ni cultivarse. La frase citada ya es lo que expresa el romanticismo: la ciencia y la formación del público quedan al margen. Se concentra en el individuo, entendido el sentimiento como máxima expresión de ése. Además, los sentimientos son una de las apariencias inexplicables, contra los cuales no hay ningún remedio.

Al final, fue victorioso el paradigma romántico en Larra. Es una reacción de un hombre que se queda estupefacto ante los asuntos inexplicables del mundo. Es una reacción de un burgués que, bien educado y formado (además ilustrado), no puede ver nada de bien en la educación de sus compatriotas. Le parece mejor la representación de sentimientos personales que, en este caso exigida por un público burgués que ha luchado (en vano) por sus libertades políticas, estima que es más adecuada que no el teatro neoclásico "educativo” de Moratín hijo u otros.
Ese cambio paradigmático es un cambio sin rupturas. Con Macías, Larra demuestra que es posible relacionar neoclasicismo y romanticismo. Tal como lo hace Baudelaire en Francia (o Heine en Alemania), el escritor madrileño logra darnos otra imagen del romanticismo. Esa época merece mucho más investigación en cuanto a sus elementos ilustrados, a sus tareas educativas, a sus reivindicaciones y manifestaciones sociales y políticas. Durante mucho tiempo, se ha ignorado la estrecha relación entre Walter Benjamin y Baudelaire. Benjamin ya da la primera idea, investigando al segundo como autor y como hombre (si se entiende el autor también como ser social) desde su punto de vista materialista. Lo hace con un hombre que pertenece a un movimiento literario en general menospreciado por los marxistas. Claramente, una síntesis de los movimientos filólogos (mencionados) debe dar a luz a nuevas perspectivas y dimensiones, descubriendo un romanticismo lejos de los prejuicios hacia esa época.
No obstante, al margen de la representación de sentimientos, siempre quedan elementos literarios y filosóficos del Larra ilustrado tardío. Agrega una dosis de educación a su obra, y eso no sólo respecto al tópico del individualismo, sino también al de la sociedad. La transición literaria que vive Larra conserva unos elementos del joven escritor, ilustrado e ilusionado, así que emplea Macías para darle un sentido social y político. Al mismo tiempo, se cuida de la forma y de la elaboración externa de su drama. Introduce la estética romántica al teatro español, dando paso a un individualismo que se deriva de la Ilustración y del Neoclasicismo.
Se debe preguntar en qué medida Larra agrega el elemento educativo ("tradicional" y neoclásico) y porqué, dado que obviamente no lo quiere según sus declaraciones. Para obtener tal objetivo, sería interesante investigar tanto las traducciones elaboradas por Larra como sus originales franceses. Esta investigación, dándonos una idea de los cambios y añadiduras, mostraría el grado de importancia de la educación del pueblo español para el escritor madrileño. Aunque sea una tarea tremenda, le ayudaría al filólogo a encontrar, definir y eliminar los problemas que quedan. Larra nos deja su obra, un universo literario, extremamente diversa, una herencia contradictoria, clara y sobre todo viva a la vez.

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