Macías

Acto primero

Habitación de ELVIRA. Puertas laterales y foro. Adorno del tiempo.
(Al descorrerse el telón aparece NUÑO HERNÁNDEZ abriendo la puerta del foro e introduciendo en la escena FERNÁN PÉREZ.)
ESCENA PRIMERA
FERNÁN PÉREZ, NUÑO HERNÁNDEZ
NUÑO Venid conmigo, el hidalgo;  
en esta cámara entremos,  
donde con secreto hablemos.  
¿Me habéis menester en algo?  
Tomad,  
(Le da una silla)
             que me haréis favor.  
FERNÁN Me obliga esa cortesía.  
(Siéntase)
NUÑO En esta cámara mía  
podéis hablar sin temor.  
Mi hija salió de mañana,  
como de costumbre tiene, 10
al templo; así, nadie os viene  
a turbar.  
(Se sienta)
FERNÁN                De buena gana.  
Hoy, Nuño Hernández, expira  
el plazo que me pusisteis,  
en el cual me prometisteis 15
darme la mano de Elvira.  
Un año es ya transcurrido...  
NUÑO Lo sé.  
FERNÁN           ¿Y bien?  
NUÑO                          Seguid.  
FERNÁN                                       Y vengo,
por el afecto que os tengo,  
a acordar lo prometido. 20
Me dijisteis que a Macías,  
ausente, vuestra hija amaba,  
y aun yo sé que le aguardaba  
en Andújar estos días.  
Mas que si por buena estrella 25
en un año no volvía,  
luego mi esposa sería,  
mal que le pesase a ella.  
Que no ha vuelto es cosa clara;  
que no ha de volver, también; 30
y el que a vos os está bien  
tal boda, ¿quién lo dudara?  
Vos sois tan sólo un criado  
que a don Enrique servís;  
si de cerca le asistís 35
lo debéis a mi cuidado.  
Soy su privado y su amigo,  
y esto en tanto grado, Nuño,  
que nada firma su puño  
sin consultarlo conmigo. 40
Yo, además, soy caballero,  
hidalgo de alta nobleza,  
y acostamiento Su Alteza  
me da por ser su escudero.  
Vos y vuestra gente toda 45
villanos sois, con lo que algo  
se os ha de pegar de hidalgo  
y de noble en esta boda.  
Si sois más rico de hacienda,  
justo es que compréis con oro 50
lo que ganáis en decoro,  
y que yo caro me venda.  
Porque con villana y pobre,  
por mujer, no he de casarme,  
que mujer no ha de faltarme 55
mientras el poder me sobre.  
Mire, pues, qué le conviene,  
y en lenguaje liso y claro  
hágame cualquier reparo,  
si alguno que hacerme tiene; 60
que si no, la enhorabuena  
hoy Andújar os dará,  
y mi padrino será  
don Enrique de Villena.  
Decir «no» fuera mancilla; 65
ved que soy privado fiel  
de don Enrique, y es él  
tío del rey de Castilla.  
Tal vez claro en demasía  
soy aquí, mas el rebozo 70
me excusa el poder que gozo,  
que el poder da altanería.  
NUÑO Con atención escuché,  
hidalgo, vuestras razones;  
que más bien reconvenciones 75
me parecieron a fe.  
¿Por qué agraviado os decís?  
Yo cumplo lo que prometo,  
y si no es otro el objeto  
por qué a buscarme venís, 80
satisfecho habéis de estar;  
todo mi afecto lo allana:  
y en esta misma mañana,  
Fernán, os podréis casar.  
Si Elvira ya no olvidó 85
el amor que en otros días  
sintió por aquel Macías,  
haré que lo olvide yo.  
Ni yo nunca al tal mancebo  
quise por yerno.  
FERNÁN                           ¡Pues bravo 90
yerno granjeabais, que al cabo  
ingenio tiene!  
NUÑO                      Yo llevo  
puesta más alta la idea.  
Tal pena, pues, no os aflija,  
que al fin, si es mujer mi hija, 95
fuerza es que mudable sea;  
y si no es muy bien criada,  
y, sea dicho entre los dos,  
a no serlo, ¡vive Dios!,  
que la hiciera escarmentada. 100
FERNÁN ¡Oh!, ni eso le ha de imponer  
al noble que se ha casado.  
Yo os prometo que a mi lado  
será honrada mi mujer.  
Además de que se suena 105
que el tal mozo en Calatrava,  
donde en comisión estaba  
por el marqués de Villena  
para el clavero de la orden,  
se casó, o se casa ya. 110
Y aunque así no fuera, acá  
no puede, sin contraorden  
del marqués, volver; y no  
se le ha de enviar ésta, Nuño,  
pues que de mi propio puño 115
la tengo de sellar yo  
NUÑO ¡En buena hora! De ese modo  
a Elvira he de disponer,  
y cuando hayáis de volver  
prevenido estará todo. 120
FERNÁN En ser breve haréisme gusto.  
Y ahora, pues, que convenidos  
estamos, y están unidos  
nuestros intereses, justo  
será que la confianza 125
haga de vos, si os parece,  
que os prometí, y que merece  
nuestra próxima alianza.  
No ha mucho que fue nombrado  
maestre de Calatrava, 130
que ha tiempo vacante estaba,  
el de Villena llamado,  
pero más bien don Enrique  
de Aragón, a quien servís;  
mas no sin que un tal don Luis 135
de Guzmán se enoje y pique,  
quien por ser comendador  
lo pretendía al presente,  
y ser próximo pariente  
del buen maestre anterior. 140
Tiene don Luis gran partido,  
y hará más, porque le ampara  
el conde de Trastamara,  
y, según tengo entendido,  
el prelado de Toledo, 145
y Benavente también;  
y es claro que bien a bien  
no se saldrá de este enredo.  
Alega don Luis Guzmán  
que don Enrique es casado; 150
mas éste ha solicitado  
el divorcio; en esto están.  
Don Enrique es ambicioso,  
y a toda costa pretende  
que el derecho que defiende 155
salga en pleito ganancioso;  
a más con la de Albornoz,  
su mujer, mal se llevaba,  
y esta ocasión deseaba,  
según es pública voz; 160
así supone y confiesa  
causas ocultas, por donde  
a ninguno se le esconde  
que saliera con su empresa.  
Pero contra ese deseo, 165
que todo es falso se suena,  
y también que el de Villena  
lo de Cangas y Tineo  
falsamente ha renunciado  
con fraude en el mismo rey, 170
porque a la orden, como es ley,  
no se adjudique el condado.  
Ya entendéis que es cosa clara  
que pierde la pretensión,  
y el favor y protección, 175
que goza, si esto se aclara.  
El don Luis está en Arjona,  
dos leguas no más de aquí;  
y dicen que vino allí  
por ver al rey en persona. 180
Es, pues, preciso que alguno  
vaya presto allá, y, mañoso,  
le proponga un medio honroso  
que zanje el pleito importuno.  
Por lograr designio tal 185
Villena le hará cesiones  
en sus mismas posesiones  
que no han de sonarle mal;  
y si vos entráis en eso  
con don Enrique hablaréis, 190
y de él mismo tomaréis  
instrucciones de más peso.  
Que a ninguno conocemos  
en esta sazón los dos  
más útil y apto que vos 195
para el fin que pretendemos.  
Y os advierto que si acaso  
sale mal vuestra embajada  
aunque fuese a mano armada  
hemos de salir del paso. 200
Ved, pues, si os conviene a vos  
este cargo, y si el secreto  
sabréis guardar.  
NUÑO                          Yo os prometo,  
que no riñamos los dos.  
FERNÁN Está bien; y esto ha de ser 205
hoy mismo, pues sin demora  
a Toledo hay que ir ahora,  
donde el rey piensa volver,  
luego que en Madrid se acabe  
el alcázar que hace allí. 210
NUÑO ¿No estaba en Sevilla?  
FERNÁN                                     Sí  
Mas vuelve, según se sabe;  
que ha caído en la catedral  
un rayo, estando él en ella;  
y dicen que es mala estrella 215
del rey, y que grave mal  
le presagian para este año  
dos astrólogos de nombre.  
NUÑO ¿Y el tal rayo hirió algún hombre,  
o hizo por ventura daño? 220
FERNÁN Hizo poco  
NUÑO                    ¡Cosa extraña!  
FERNÁN Herir a nadie, no hirió;  
mas descompuso el reló,  
que es el único de España.  
Hay, pues, que ir hasta Toledo, 225
y no hay tiempo que perder...  
NUÑO Está bien; hoy se ha de hacer,  
y yo en el encargo quedo.  
(Se levantan)
Decidlo así a don Enrique.  
FERNÁN Y a más...  
NUÑO                  A Elvira he de hablar, 230
y ya os puedo asegurar  
que haré que no me replique.  
FERNÁN Pues adiós.  
NUÑO                   No, deteneos.
Alguien llega aquí. Ellas son.  
Ved que dichosa ocasión. 235
No os vayáis; aparte haceos.  
De su labio habéis de oír  
la respuesta que me dé.  
FERNÁN ¡Feliz acaso!  
NUÑO                     Yo sé  
que contento habéis de ir. 240
 
ESCENA II
FERNÁN PÉREZ, NUÑO HERNÁNDEZ, ELVIRA, BEATRIZ
(Los dos primeros se han hecho algo atrás, y hablan entre sí sin oírlas. ELVIRA y BEATRIZ se quitan los mantos al entrar, y hablan los primeros versos sin verlos.)
BEATRIZ Llega, señora; y en casa  
desahoga tu dolor.  
Llora el desdichado amor  
que el tierno pecho te abrasa.  
Que aunque te cubriera el manto 245
no faltó quien lo advirtiera  
en la misa.  
ELVIRA                 ¡Suerte fiera!  
BEATRIZ ¿No darás treguas al llanto?  
ELVIRA ¿No he de llorar, ¡desdichada!,  
si ya no vuelve Macías, 250
y dentro de pocos días  
por mi palabra empeñada  
vendrá Fernán Pérez?  
BEATRIZ                                   Señora,  
ved que os oyen. Aquí están.  
ELVIRA ¡Ah! ¿Cómo oculto el afán 255
que el corazón me devora?  
NUÑO (A FERNÁN)
Nos vio ya.  
FERNÁN (A NUÑO)
                   Llegad.  
ELVIRA (A NUÑO)
                                ¡Señor!  
NUÑO ¡Elvira, hija mía!  
ELVIRA                          ¿Aquí  
vos tan de mañana?  
NUÑO                                Sí:  
Y a acreditarte el amor 260
vine, que siempre te tuve.  
Hoy se cumple...  
ELVIRA (Con dolor)
                            ¡Ya os entiendo!  
NUÑO No me pesa. Aquí estáis viendo  
al noble hidalgo que os sube  
a tanto honor.  
FERNÁN                       Tan hermosa 265
sois, asombro del sentido,  
que le tuviera perdido  
si vuestra mano preciosa  
no anhelara.  
ELVIRA (Contristada)
                    Sois por cierto  
muy galán.  
FERNÁN                   Y vos muy bella. 270
ELVIRA (¡Maldita belleza! ¡Estrella  
maldita mía!)  
FERNÁN                      ¿Qué advierto?  
¿Os turbáis?  
NUÑO (A ELVIRA)
                     Repara, mira...  
ELVIRA (Violentándose)
No es nada: el gozo... (Beatriz  
sostenme: ¡ay de mí, infeliz!) 275
NUÑO (¿Qué es esto? ¡Pardiez!) Elvira,  
vos misma el plazo os pusisteis  
de un año, y...  
ELVIRA                         (¡Ay! ¡Quién creyera  
que en un año no volviera!)  
NUÑO Vos la palabra nos disteis... 280
ELVIRA No habléis más, señor, en eso;  
si mi palabra empeñé,  
mi palabra cumpliré.  
(¡Y aunque muera, ingrato!)  
NUÑO                                           (Un peso  
grave me quitó.)  
(A FERNÁN PÉREZ)
                           Ya vos 285
lo escuchasteis de su boca.  
FERNÁN A mí lo demás me toca.  
Descuidad: presto, por Dios,  
volveré.  
(A ELVIRA)
               Vos en mi priesa  
sí estimo conoceréis 290
lo dichoso que me hacéis.  
ELVIRA (Reprimiéndose)
Id con Dios.  
NUÑO (Acompañándole a la puerta)
                      Los dos a vuesa  
merced quedamos atentos.  
FERNÁN Quedaos. Vuestra atención  
sobra.  
NUÑO            ¡Oh! Ya es obligación. 295
FERNÁN Remitid los cumplimientos.  
(Vase, despidiéndole NUÑO a la puerta. ELVIRA, al ver marchar a FERNÁN PÉREZ, le sigue con la vista, y cuando ya ha salido se arroja sobre un sillón inmediato y rompe a llorar. NUÑO vuelve.)
 
ESCENA III
ELVIRA, BEATRIZ, NUÑO
ELVIRA ¡Que esto me suceda! ¡Ingrato!  
BEATRIZ Señora, templad el lloro.  
ELVIRA ¡Ah!, en balde por mi decoro  
de ahogarle en el pecho trato. 300
NUÑO (Viéndola)
(¿Qué es esto?)  
(A BEATRIZ)
                         Vos, despejad.  
Presto.  
ELVIRA              Dejadme el consuelo  
que su cariño y su celo  
me prestan, y perdonad  
si os lo ruego.  
NUÑO (A BEATRIZ)
                         Idos.  
ELVIRA                                   (¡Qué empeño 305
de hablarme a solas!)  
NUÑO (A BEATRIZ)
                                 ¿Qué hacéis  
que no os vais? ¿No obedecéis?  
BEATRIZ (A ELVIRA)
¡Señora!  
ELVIRA               (¡Qué airado ceño!)  
(A BEATRIZ)
Vete ya.  
NUÑO (A ELVIRA)
               ¿Y por qué antes no?  
¿Esto con mis gentes pasa? 310
ELVIRA Como es mi dueña...  
NUÑO                                  En mi casa  
nadie manda más que yo.  
 
ESCENA IV
ELVIRA, NUÑO
(ELVIRA echa una ojeada de dolor a BEATRIZ, que desaparece lentamente: se levanta y queda apoyada con una mano en el sillón y enjugándose con la otra las lágrimas, que trata de reprimir con un esfuerzo violento. NUÑO HERNÁNDEZ, cruzado de brazos, parece esperar a que rompa el silencio, o reconvenirla con el suyo. ELVIRA se acerca al fin, y cogiendo las manos de NUÑO dice los versos siguientes.)
ELVIRA ¡Perdóname, señor, si hoy más que nunca  
presente aquel amor en la memoria  
en vano lucha por borrar del pecho 315
la esperanza engañada! Yo más fuerzas  
encontrar en mí propia presumía  
cuando el plazo pedí: mas, ¡ay!, yo nunca  
pensé que él de mi amor se olvidaría.  
Mira mi corazón, débil juguete 320
de una pasión tirana, inextinguible,  
y tú mismo dirás si verme puedo  
al yugo extraño del que nunca quise  
en eternales vínculos unida,  
tranquila y sin llorar. ¡Vínculos tristes 325
que antes de unirme acabarán mi vida!  
¿Yo al pie del ara con perjuro labio,  
ante un Dios que a los pérfidos castiga,  
eterno amor le juraré a un esposo  
que me roba mi bien, y por quien siento 330
odio tan sólo?  
NUÑO                       ¡Elvira!  
ELVIRA                                   Sí, perdona.  
Soy mujer, y soy débil: ni depende  
ser más fuerte de mí. Yo bien quisiera  
en mi encerrado pecho sepultando  
tanto culpable amor, que nada el mundo 335
del volcán que me abrasa trasluciera;  
y, ahogando mi dolor durante el día,  
que mis lágrimas tristes, por la noche,  
en el oculto lecho derramadas,  
entre la soledad y las tinieblas 340
pasión tan grande que olvidar no logro,  
en eterno silencio confundiesen.  
Mas, ¡ay! que no está en mí. Ya, mal mi grado,  
rompe mi lloro, en mi dolor inmenso  
el dique que hasta aquí lo ha sujetado 345
NUÑO ¿Y éstas son tus palabras, y éste el fruto  
de un año de indulgencia y de esperanza?  
¿Por qué cuando tu padre bondadoso  
la elección a tu arbitrio, y aun del plazo  
el decidir el término dejaba, 350
si tan mísera y débil te veías,  
no dijiste: «Señor, nunca en mi pecho  
otro amor reinará que el de Macías?»  
Aún era tiempo entonces. Yo al hidalgo  
contestara resuelto: «Fernán Pérez, 355
excusad vuestro amor, y no adelante  
paséis en esperanzas; nunca Elvira  
vuestra esposa será.» No consintiera  
Fernán Pérez al menos. ¡Cuántas veces  
os recordé los riesgos que esa loca 360
temeraria imprudencia causaría!  
Buscáramos la dicha y el contento  
del cortesano estruendo separados  
en nuestro patrio hogar. Tú, Elvira, entonces,  
allá feliz con tu feliz esposo, 365
del mundo retirada, gozarías  
de ese implacable amor.  
ELVIRA                                      ¡Ah, padre mío!  
NUÑO Ora yo envuelto en bandos y disturbios,  
doquiera que me aparte de Villena,  
allí el peligro. Y si aún ayer llegara 370
ese mozo infeliz que te enamora,  
pudiera ser que entonces Fernán Pérez  
al pacto se ciñera; mas en vano,  
en vano le esperastes, y ora, Elvira  
es fuerza, o dar tu mano al noble esposo, 375
o al rencor exponernos y a la ira,  
y a la venganza atroz de un poderoso.  
Él mismo aquí lo dijo...  
ELVIRA                                     ¡Padre mío!  
Si yo imprudente fui, si harto confiada,  
eso lloro, no más, y ya imposible 380
me fuera no llorar; mas mis promesas  
sabré cumplir...  
NUÑO                          ¿Y juzgas que llorando,  
turbada, sin amor, violenta, fría,  
te verá con placer, y al pie del ara  
te arrastrará por fuerza el noble hidalgo? 385
¿Tan necio le imaginas por ventura?  
¡Inútil esperanza! No; en su enojo  
del desprecio irritado que en ti viere,  
mil trazas buscará para ofendernos.  
¿Dó su poder no alcanza? Perseguido, 390
si no muero a sus manos, dondequiera.  
ELVIRA Basta, señor, mi llanto reprimiendo,  
alegre faz le mostraré. (¡Dios mío!);  
tan sólo un mes os pido, porque pueda  
el agitado espíritu...  
NUÑO                                ¡Imposible! 395
¿Más plazos me pedís? Hoy, sin remedio...  
ELVIRA ¿Qué escucho, santo Dios?  
NUÑO                                            Y bien, ¿qué esperas?  
¿Piensas que, aunque por fin cumplido el plazo,  
ese tan tibio amante perezoso  
pidiéndome tu mano me ofreciera 400
los tesoros de Creso, la palabra  
que di solemnemente olvidaría,  
y en la boda mi honor consentiría?  
En fin, ya de una vez, hija, es forzoso  
decirlo todo aquí. ¿Qué de ese enlace 405
descabellado esperas? ¿El mancebo  
quién es, y cuáles timbres, qué blasones  
le ilustran a tus ojos?  
ELVIRA                                  ¿Y yo acaso  
nací, señor, princesa?  
NUÑO                                   Mas, ¿qué bienes  
son los suyos, Elvira? ¿Caballero 410
y no más? ¿Hombre de armas, o soldado?  
¿Mal trovador, o simple aventurero?  
ELVIRA ¡Eso no! Si no os place, nunca, nunca  
me llamará su esposa, ni cumplida  
veré jamás tan plácida esperanza. 415
Pero al menos sed justo: sus virtudes,  
su ingenio, su valor, sus altos hechos  
no despreciéis, señor. ¿Dónde están muchos  
que a Macías se igualen, o parezcan?  
De clima en clima, vos, de gente en gente 420
buscadlos que le imiten solamente.  
¿Su ardimiento? ¿Vos mismo no le visteis  
ha un año, poco más, en Tordesillas  
los premios del torneo arrebatando,  
cuando el rey don Enrique el nacimiento 425
celebraba del príncipe? ¿Cuál otro  
más sortijas cogió, corrió más cañas?  
¿Quién supo más bizarro en la carrera  
hacer astillas la robusta lanza?  
¿Quién a sus botes resistió? ¿Quién tuvo, 430
el animoso bruto gobernando,  
más destreza o donaire? Pedro Nuño,  
el mismo Pedro Niño vino al suelo,  
del arzón arrancado, a su embestida,  
y la arena besó. ¿Pedísle hazañas? 435
El Algarbe las diga, que aún las llora;  
y el campo de Bacza, donde escritas  
su espada las dejó con sangre mora.  
y en fin, su ingenio, si el ingenio vale,  
vos más que yo le conocéis; vos mismo 440
con él ibais también cuando Villena  
a Aragón le llevó, donde hizo alarde,  
en el dialecto lemosín, del suyo;  
donde en los juegos mereció de Flora  
el premio y la corona, que a mis plantas 445
vino a ofrecer después. ¡Cuántas cantigas  
de él corren en la corte, que la afrenta  
de los ingenios son, y de las damas  
el contento y placer! ¿Y ése es, decidme,  
ése el mal trovador y aventurero, 450
ése el simple soldado? Padre mío,  
si eso no es ser cumplido caballero,  
si eso es ser villano, yo villano  
a los nobles más nobles le prefiero.  
NUÑO ¿Qué pronuncias, Elvira? ¿En mi presencia 455
tú a ensalzarle te atreves, necia y loca?  
Ya inútilmente la indulgencia empleo.  
Serás de Fernán Pérez; a él mis dichas,  
mi gloria y mi favor, mi honra y mi suerte,  
todo en fin, se lo debo; y don Enrique 460
me hospeda en su palacio, y dondequiera  
me distingue por él. ¿Seréle ingrato?  
A la suya mi suerte está enlazada,  
hoy en Andújar y mafiana en Burgos,  
en Madrid, en Sevilla, con la corte, 465
poderoso o caído; los secretos,  
que entrambos en mi pecho depositan,  
con ellos al poder también me elevan,  
con ellos a mi fin me precipitan.  
No más rebozo ya; tú de ese hidalgo 470
hoy la mujer serás.  
ELVIRA                               ¡Señor!  
NUÑO                                            ¡O elige  
mi eterna maldición!  
ELVIRA                                ¡Ah!, no; yo esposa  
de Fernán Pérez seré.  
NUÑO                                   Vuelve a los brazos  
de tu padre, que aún te ama y te perdona.  
¿Ni qué otra cosa hicieras, hija mía, 475
que mejor te estuviese? ¿Por ventura  
pasar en llanto eterno resolviste  
tu juventud brillante, marchitada,  
en triste desamparo sumergida  
por desprecios del falso que te olvida? 480
¿Merece ni una lágrima ese noble,  
cuya virtud ensalzas y pregonas,  
que al juramento falta y a su dama?  
ELVIRA ¡Piedad de mí, por Dios!  
NUÑO                                       ¿Y es caballero?  
Cuando tu Propio padre y tu fortuna 485
le inmolabas, ¡ay, triste!, ¿no sabías  
que en Calatrava, acaso, está con otra  
ya casado ese pérfido Macías?  
ELVIRA (Fuera de sí)
¿Casado? ¿Y lo sabéis vos?... ¡Santo cielo!  
NUÑO Nadie lo ignora en el palacio y...  
ELVIRA                                                   ¿Nadie? 490
¿Y posible será? Mas, ¡ay!, ¿qué dudo?  
¿Ni qué prueba mayor que su tardanza?  
Si no fuese verdad, vivir pudiera  
lejos de Elvira un año? ¿Es cierto? ¿Y estos  
tus juramentos son, tu amor ardiente? 495
¡Otra mujer! ¡Ah! Presto, padre mío,  
mis bodas disponed; ya a vuestra hija,  
no tan sólo obediente, mas gozosa,  
y aun alegre veréis. ¡Ah! ¡Fementido!  
Ya quiero a Fernán Pérez, ya le adoro 500
Presto, corred, buscadle, referidle  
mi despecho, señor, y esta mudanza;  
que su esposa seré, que ya el contrato  
puede cerrarse al punto, luego, ahora...  
NUÑO ¡Hija querida!  
ELVIRA                       ¡Oh, cuánto tarda, cuánto, 505
el instante feliz de la venganza!  
(Se enjuga las lágrimas rápidamente, afectando serenidad.)
NUÑO Sí, sí, cálmate, Elvira, que ninguno  
los surcos de tus lágrimas conozca.  
Tú a la vida me vuelves, hija mía;  
corro a anunciarle tan alegres nuevas 510
al hidalgo; tú en tanto...  
ELVIRA                                      A mi cuidado  
dejad vos lo demás, y a mi deseo;  
que a vuestra vuelta pronto hacia el sagrado  
altar yo volaré del himeneo.  
(Vase NUÑO, y ELVIRA se arroja sobre un sillón como abismada.)
 
ESCENA V
ELVIRA (Se levanta y va hacia la puerta del foro.)
Esperad..., tened... ¡Partió! 515
¿Mas qué dudo todavía?  
(Vuelve)
¿Aún no estoy resuelta yo?  
¿Aún he de adorarle? No.  
Vengarme es el ansia mía.  
El saber que por ti lloro 520
no ha de darte gozo al menos;  
que aunque tu memoria adoro,  
nunca el pesar que devoro  
dirán mis ojos serenos.  
¡Pérfido! ¡Cruel! ¡Beatriz! 525
(Llamando)
¿Y yo un año le esperé?  
Ni sé qué piense, ni sé  
qué determine. ¡Infeliz!  
Nunca vi tan poca fe.  
 
ESCENA VI
ELVIRA, BEATRIZ
BEATRIZ ¡Señora!  
ELVIRA               Ve; presurosa 530
prepáralo todo... ¡Oh saña!,  
prevén mis galas, gozosa;  
no hay doncella en España  
más galana y más hermosa.  
BEATRIZ ¿Qué novedad?  
ELVIRA                         ¡A otra quiere, 535
y tal vez casado está!  
BEATRIZ ¿Quién, señora?  
ELVIRA                          ¿Quién será  
sino el traidor?  
BEATRIZ                        ¿Qué profiere?  
¿Macías casado? ¿Habrá  
hombre tan pérfido? Apenas 540
creo lo que oyendo estoy.  
ELVIRA Mas no importa: mis cadenas  
ya rompí: ¡fuera mis penas!  
Yo me caso también hoy.  
BEATRIZ ¿Vos os casáis?  
ELVIRA                          Sí, ¡abrasada 545
muero de celos!  
BEATRIZ                          Advierte...  
ELVIRA Ya, Beatriz, no advierto nada.  
¡Véame también casada,  
y venga después la muerte!  
(Éntranse por la derecha)
FIN DEL PRIMER ACTO

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