Macías

Drama histórico en cuatro actos y en verso

DOS PALABRAS

He aquí una composición dramática a la cual fuera muy difícil ponerle nombre. ¿Es una comedia antigua? Ciertamente que no, pues no ha nacido en el siglo XIX. Ciertamente que no, pues mal se atreviera a aspirar a la versificación y sublimidad de Lope, a la gala y caballerosidad de Calderón, al estro cómico de Moreto, al donaire de Tirso, a la pureza de Alarcón. ¿Es una comedia moderna según las reglas del género clásico antiguo? Menos. Ni es comedia de costumbres, ni comedia de carácter. Ni me propuse al imaginarla seguir las huellas de Plauto y Terencio, ni tuve al concebirla la loca osadía de imitar a Molière o a Moratín. ¿Es una tragedia como la entienden los rigurosos Aristarcos? Ni tiene la sencillez enérgica de Esquilo, ni la humilde sublimidad de Sófocles. Ni está escrita toda en verso sublimidad de Sófocles. Ni está escrita toda en verso heroico; ni es su estilo siempre altamente entonado; ni pueden reputarse sus escenas todas dignas del levantado coturno; ni son sus personajes los favoritos de Melpómene. ¿Es un drama mixto, de grande espectáculo, perteneciente al género bastardo introducido en la literatura a fines del siglo pasado? No hay en él grandes efectos levantados sobre débiles fundamentos, no hay escenas de imponente y charlatanesca fraseología, no hay tempestades, no hay horrendos crímenes. ¿Es un débil destello siquiera de la colosal y desnuda escuela de Victor Hugo o Dumas? ¿Es un drama romántico? No sé qué punto de comparación puedan establecer los críticos entre Antony, Lucrecia Borgia, Enrique III, Triboulet y mi débil composición. ¿Qué es, pues, MACÍAS? ¿Qué se propuso hacer el autor? Macías es un hombre que ama, y nada más. Su nombre, su lamentable vida pertenecen al historiador; sus pasiones, al poeta. Pintar a Macías como imaginé que pudo o debió ser, desarrollar los sentimientos que experimentaría en el frenesí de su loca pasión, y retratar a un hombre, ése fue el objeto de mi drama. Quien busque en él el sello de una escuela, quien le invente un nombre para clasificarlo, se equivocará. ¿Para qué ha menester un nombre? ¡Ojalá no se equivoque también quien busque en MACÍAS alguna escena interesante, tal cual sentimiento arrancado al corazón, un amor medianamente expresado y un desempeño feliz!

Personas

DON ENRIQUE DE VILLENA, Maestre de Calatrava.
MACÍAS, su doncel.
ELVIRA.
FERNÁN PÉREZ DE VADILLO, hidalgo, escudero de don Enrique.
NUÑO HERNÁNDEZ, padre de Elvira.
BEATRIZ, dueña joven de Elvira.
RUI PERO, camarero de don Enrique.
FORTÚN, escudero de Macías.
ALVAR, criado de Fernán Pérez
Un paje de don Enrique.
Dos pajes que no hablan.
Hombres armados. La época es en uno de los primeros días del mes de enero de 1406. La escena es en Andújar, en el palacio de don Enrique de Villena.

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