Proyecto Mariano José de Larra en Internet

Ateneo científico y literario, artículo cuatro

El Español, 2 de julio de 1836

Esta sociedad, a quien tanto deben las personas que saben lo que la ilustración y la difusión de las luces pueden contribuir al triunfo de la causa, vital para nuestra patria, que en el día sostenemos, se hallaba desde su fundación reducida a vivir de merced en punto a local, o a ocupar una mezquina casa que aun para un particular no sería de la mayor comodidad, tal cual la que en el día sirve para sus sesiones en la calle del Prado.

El calor de la estación ha venido a acabar de probar la imposibilidad de que tan laudable institución continúe sin un local espacioso y acomodado a su objeto; y la acumulación de las cátedras nuevamente instaladas y que quedan por instalar, ha debido determinar por fin al Gobierno a dar oídos a los clamores de los ateneístas, tan fáciles de acallar en estas circunstancias en que multitud de edificios grandiosos han quedado desocupados con la extinción de las órdenes monásticas. En consecuencia, sabemos que se ha resuelto destinar para el Ateneo el convento de Santo Tomás, situado en uno de los puntos más públicos y concurridos de la capital, circunstancia que no era por cierto de olvidar, y el cual encierra en su seno cuantas condiciones se podían exigir para un establecimiento de esta especie. Parece que no sólo el Ministerio de la Gobernación se ha prestado benévolamente a esta medida de utilidad pública, sino que se nos ha asegurado también que se trata de proporcionar a la sociedad cantidad de mueblaje, cuadros y otros objetos de necesidad y adorno, lo cual probaría que no se desconoce entre nosotros la importancia de la protección que a los medios de difundir los conocimientos humanos se dispense. No merecía menos, en verdad, el patriotismo y el desinterés de los individuos de una corporación que a sus expensas trata de ser útil a sus conciudadanos; esto no es escatimar la alabanza al Gobierno, acostumbrados como estamos aquí a ver en los que mandan una no interrumpida apatía y hasta criminal indiferencia hacia tan sagados deberes; el simple desempeño de éstos excita nuestra gratitud: damos, pues, las gracias al señor ministro de la Gobernación, en nombre del Ateneo, de que somos individuos, y en nombre de todos los aficionados a la propagación de los conocimientos humanos.

Sólo nos queda que desear que tan laudables medidas no necesiten, para su completa ejecución, el tiempo que entre nosotros han menester generalmente para su realización la mayor parte de los buenos proyectos que nos ocurren; sabido es el refrán antiguo que dice: Quien da pronto, da dos veces. Apenas permite esperar, por otra parte, el rigor de la estación.

En articulos anteriores indicamos que entre las varias cátedras proyectadas, de las cuales unas se han inaugurado ya, y otras deben inaugurarse en breve, se había pensado en una sumamente importante en nuestras actuales circunstancias políticas, porque debe generalizar el conocimiento de las prácticas constitucionales destinadas a formar ya en España definitivamente, como en gran parte de la Europa, la base del sistema gubernativo; añadimos que antes de su advenimiento al Ministerio,se había ofrecido a desempeñarla el señor don Antonio Alcalá Galiano, sujeto a quien ciertamente nadie se atrevería a negar un profundo conocimiento en la materia. Pusimos de manifiesto nuestras dudas acerca de que insistiese en tan generosa determinación, y no ocultamos los deseos que abrigábamos de que el desempeño del grave cargo gubernativo que le está cometido no fuese obstáculo al cumplimiento de su promesa en el Ateneo. Acabamos de saber que el señor Galiano, que por lo visto coincide en el particular con las opiniones por nosotros emitidas, ha reiterado su primera oferta, y se halla pronto a explicar en la corporación objeto de este artículo. Nos damos por ello el parabién, y como con igual motivo hemos tributado gracias a los demás profesores que, sin hallarse a tanta altura en posición social, han contraído el mismo empeño, no nos dispensaremos de rendir al señor Galiano igual debido homenaje. Aunque no sea muy de nuestro agrado alabar ministros, en esta ocasión habremos de hacerlo noblemente; tanta pequeñez de alma arguye la adulación, como la manifestación injusta de independencia. La responsabilidad que sobre sí echa el señor Galiano exponiéndose a ser juzgado en otra nueva palestra, y la dificultad de abarcar tantas atenciones distintas, deben aumentar en obsequio suyo la pública gratitud.

Sabemos asimismo que los señores encargados de la administración y dirección del establecimiento no perdonarán medio de enriquecerlo en periódicos extranjeros y nacionales, y tenemos motivos para creer que entre las pruebas de la protección del Gobierno figurará muy pronto una biblioteca formada de los restos diseminados de varias casas monacales extinguidas en la Corte y en provincia.